Sentir dos cosas opuestas también es natural

Hay días en los que nos descubrimos pensando o sintiendo cosas que parecen contradictorias.
“Lo extraño cuando no está y al mismo tiempo cuando estamos juntos me irritan cosas mínimas.”
“Valoro mucho mi trabajo, pero a veces me pregunto si de verdad quiero seguir aquí.”
“Disfruto mucho estar con mis hijos, aunque hay días en que me agota tanto que quisiera desaparecer por un rato.”

Estas frases, tan comunes y humanas, suelen venir acompañadas de culpa o confusión. Nos enseñaron que para ser coherentes debemos sentir una sola cosa, mantener una sola postura, estar “seguros” de lo que queremos. Pero la realidad emocional rara vez es lineal.

En el mundo interno pueden convivir el amor y el cansancio, el deseo y la duda, la alegría y la tristeza. Sentir dos cosas opuestas no significa que algo esté mal, sino que somos seres complejos, llenos de matices. A veces, la contradicción no es un problema a resolver, sino un mensaje que merece ser escuchado con paciencia y curiosidad.

Practicar la autoobservación —detenernos un momento para mirar lo que sentimos sin juzgarlo— puede abrirnos un espacio de comprensión. Nombrar lo que nos pasa, reconocerlo y darle un lugar, es el primer paso para transformarlo.

En terapia, muchas de estas aparentes contradicciones se vuelven puntos de partida para conocernos mejor. Lo que a veces sentimos como confusión, en realidad puede ser una invitación a explorar partes de nosotros que buscan ser comprendidas.

No se trata de elegir entre un sentimiento y otro, sino de aprender a habitar ambos.
Y, desde ahí, poco a poco, encontrar equilibrio.

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